El Comercio Digital

Hemeroteca | Jueves, 17 de mayo 2012

Los más altos de la clase

Bernard, Alfonso, Elena, Lucía, Veridiana y Benjamín viven su estatura sin complejos

El baloncesto asturiano cuenta con jugadores infantiles y cadetes que superan el 1,90 de altura

NOTICIA DE ÁNGELA S. CIFUENTES
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
Los más altos de la clase

 Tarín llegó al primer equipo e incluso alcanzó la internacionalidad. Sus 2,17 le convertían en el techo del básket nacional. Pero jamás cuajó. Hoy Tarín pasa su tiempo apoyando a un partido independentista catalán y no hace mucho vivía con veinte perros en su casa y no se relacionaba con casi nadie.

Lo único común entre la historia de Tarín y la de los jugadores con más envergadura del actual baloncesto asturiano es sólo eso. La altura. Porque, al contrario que el catalán, todos viven la vida sin complejos por su estatura. Al contrario. Es una cualidad más, una ventaja más que aprovechar, en su deporte favorito, el baloncesto.

No es habitual, en cualquier caso, en Asturias toparse con un estudiante de segundo de la ESO que, a sus trece años y para asombro de sus compañeros de colegio, se encuentre a sólo siete centímetros de los dos metros. Numerosas son las miradas de sorpresa al cruzarse con Bernard Vanaclocha. Juega en el Oviedo Baloncesto y los médicos estiman que, al final de su desarrollo, puede llegar a los 2,10 metros de altura.

Esta predicción se mide observando la variación de las tallas de zapato que usan las personas de gran envergadura. Bernard, hoy en día, calza una talla 48. «Es lo que menos me gusta de ser tan alto, que no sé ya dónde comprarme zapatos. Internet es mi única salida», asegura el ovetense .

La historia deportiva de Vanaclocha no comenzó, sin embargo, en el baloncesto. Sus primeros pasos los dio, curiosamente, en el fútbol. Aunque no le fue del todo bien. Con esas piernas tan largas, le faltaba coordinación. Cuando empezó a pelotear, con seis años, Bernard ya medía 1, 50. «Recuerdo que en ocasiones no sabía ni dónde estaba el balón y pensé que este deporte no era para mí», bromea.

Su padre, que mide 2,03, jugó en su época de adolescente también al baloncesto y, viendo que el fútbol no era para su hijo, le insistió para que probara con la canasta. Probó y se decidió. Tenía siete año, pero ya medía 1,60. «La verdad que estoy muy a gusto con cómo soy», afirma.

A poco más de una veintena de kilómetros, en Gijón, y como miembro de la plantilla del Grupo Covadonga, juega Alfonso del Busto. Con quince años y con su 1,95 de altura, revoluciona las pistas de baloncesto y las de baile. «Con esta altura se liga mucho», bromea el cadete. Su prima, Elena, tampoco se queda corta. Hace sus primeros bloqueos con la selección asturiana infantil y juega en el Basketmar. «Siempre fui la más alta de la clase, incluso más que los niños», comenta la jugadora, que, con solo doce años, roza el 1,80. Lo padres de Alfonso y Elena fueron los que impulsaron a sus hijos a jugar al baloncesto. Quizás porque, en su día, ellos fueron entrenadores y conocen muy bien las aptitudes que debe tener un buen jugador .

A pesar sus cualidades, Alfonso no ve que en España futuro y cree que la mejor manera para destacar es irse al extranjero. A sus quince años espera estudiar una carrera en Estados Unidos. La altura le ayuda. «Creo que me ha beneficiado ser alto, aunque también hay que decir que toda mi vida he sido algo diferente por mi gran tamaño».

«Le sacaba la cabeza al resto»

Recuerda, entre risas, anécdotas de la infancia, en la que no todo era fácil. Como cuando no podía encontrar postura en las sillas del colegio San Fernando de Avilés y las clases se hacían eternas. La altura le jugó también alguna que otra mala experiencia. «Le sacaba la cabeza al resto de niños y los adultos pensaban que, en vez de jugar, abusaba», explica.

«Lo que peor llevo de mi altura es que me miren por la calle y, claro está, nunca puedo llevar tacones», apunta, por su parte, Lucía Fernández, pívot del Basketmar con 1,83. «Ser alta es otra forma de vida», asegura la ovetense, que, tras una lesión en uno de los entrenamientos con el conjunto gijonés, permanecerá alejada de las canchas hasta la próxima temporada. A pesar de algunas cosas negativas en la vida de Lucía, tiene claro «ser alto es algo fundamental para jugar al baloncesto». «Gano mucho en zancada y cojo muchos rebotes. Si no fuera tan alta, creo que cambiaría mucho mi forma de jugar», reconoce.

En ocasiones, estos jugadores sufren las miradas de la gente como si fuera un bicho raro e, incluso, son objeto de frases llenas de ironía o, a veces, más gusto, como «qué tiempo hace por ahí arriba», que resultan cansinas para quien lleva un buen número de centímetros a cuestas. «De las miradas no se escapa nadie», dice Benjamín Fernández, cuando se sube al autobús para ir al colegio La Asunción de Gijón. «Es montarme en el bus y todo el mundo me mira, porque casi casi rozo el techo», apunta el pívot del Grupo Covadonga.

A sus quince años, su 1,96 no pasa desapercibido. Sus compañeros siempre le están pidiendo que les coja cosas de las alturas. «Yo me lo tomo muy bien, mientras pueda ayudar...», señala. Jugador benjamín, juega, sin embargo, en la selección asturiana júnior, aunque su sueño el día de mañana es alcanzar la absoluta y parecerse a uno de sus referentes: Pau Gasol. «Verme jugar en la élite sería una pasada, un sueño que tengo que hacer realidad», subraya el gijonés.

Del atletismo al básket

Lo que para unos es una felicidad, para otros, en ocasiones, puede provocar algún inconveniente. Veridiana Pedrosa estudia primero de Bachillerato en el Rosario Acuña de Gijón. Con 16 años, roza el 1,90 y vuelve locos a los rivales que tiene el Fodeva en categoría júnior. Veridiana comenzó su carrera deportiva en el atletismo, pero, en quinto de Primaria, su entrenador le animó para que probara el baloncesto. A día de hoy, presume de haber estado en la selección asturiana y ser la más alta de la liga júnior.

A pesar de medir 1, 90, no cree que sea indispensable ser alta para jugar al baloncesto. «Puede darse el caso de ser bajito y jugar muy bien, y de ser alto y no dar una. Lamentablemente, las personas grandes estamos asociadas a la torpeza, pero no siempre es así», comenta la pívot.

Esta gijonesa también tiene algún que otro problema a la hora de encontrar ropa. Sobre todo, calzado. Y es que su 43 de zapato no está disponible en muchas tiendas. «Sólo los puede comprar en Estados Unidos y a unos precios elevadísimos», asegura la gijonesa. «¿Los tacones. Ni se me pasan por la cabeza. Entonces sería una farola en toda regla», bromea.

Otro de los inconvenientes le surge a la hora de sentarse en la mesa o pasar por las puertas «¡Todo me queda bajo! ¡Es horrible! Aun así, Veridiana no querría ser baja. Y ve el baloncesto como un hobby, pues, en el futuro, quiere ser buena investigadora de biotecnología.

Existen páginas web dirigidas a este tipo de personas. 'Gentealta.com' fue creada hace dos años por Jesús Riesgo. Tienen más de cien seguidores que cada día comentan sus experiencias al resto de altos. Este ovetense de dos metros está ayudando con su web a muchas personas para encontrar ropa, camas o sillas. Dificultades con las que desde pequeño se ha topado este exjugador de baloncesto que también padeció la dictadura de las tallas estándar.


RESULTADOS Y CLASIFICACIONES
transparente

SUBE TUS FOTOS AQUI


ATENCION: Si no encuentras tu equipo envíanos un email para darlo de alta en el portal

FOTOS DE FUTBOL



FOTOS DE BALONCESTO



FOTOS DE BALONMANO



MAS FOTOS DE...

Atletismo Fútbol Sala
Hockey Fútbol Femenino
Voleibol Fútbol - Arbitros
Beisbol  

 

Vocento
© EL COMERCIO DIGITAL

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.