A sus 51 años, Antonio Vázquez Megido ha decidido empezar una nueva vida y, para ello, ha regresado a Barcelona, donde hizo realidad el sueño de cualquier deportista olímpico. Consiguió el oro en la competición por equipos de tiro con arco en los Juegos de 1992, junto al extremeño Juan Carlos Holgado y el avilesino Alfonso Menéndez.
«El día de la final no se me olvidará nunca -señala Megido-. El primero en lanzar fue Alfonso, después Juan Carlos y yo en último lugar. Cuando entré en la línea de tiro quedaban 40 segundos y todavía tenía que lanzar las tres flechas». Tres flechas que se convirtieron en tres nueves, lo que les permitió ganar por dos puntos a los finlandeses y colgarse al cuello el oro tan deseado.
Esa medalla se sumaría a los veintiún metales que conquistaron el resto de atletas españoles en Barcelona 92. «Ese aluvión de medallas se debía, en buena medida, a las subvenciones y al apoyo de la administración. Nunca hubo tanta gente becada en la residencia de deportistas -argumenta el allerano-. España quería hacer un buen papel y el gobierno se volcó mucho con los de casa».
En el caso de la Federación Española de Tiro con Arco, se fichó un año antes al ruso Viktor Sidoruk para que se hiciera cargo del equipo. «Los entrenamientos eran muy duros. De los veintiún arqueros iniciales sólo llegamos a los Juegos los tres olímpicos. Los demás, bien porque se lesionaron o porque no aguantaron tanto esfuerzo, se quedaron por el camino».
Aquellos Juegos Olímpicos marcaron un antes y un después en la historia del deporte español. Todo estaba preparado al detalle. Nada podía fallar y no lo hizo. Megido aún recuerda el encendido de la llama olímpica. «Muy pocos lo sabían, pero la flecha no tenía que entrar en el pebetero porque podría haber ocasionado una explosión». El tiro que realizó, el 25 de julio de 1992, el arquero paraolímpico Antonio Rebollo «fue espectacular». «El arco era muy potente, tiró sin visor y la flecha, por el sistema que tenía para que no se apagará, pesaba ciento y pico gramos cuando lo normal es que pesen unos 15 o 16 gramos».
Ya han pasado dos décadas de aquella imagen que millones de personas siguieron desde sus televisiones y la vida ha cambiado para el trío olímpico. Juan Carlos trabaja en la Federación Internacional de Tiro con Arco con base en Lausanne, Suiza. Alfonso es gerente del Club Santa Olaya, en Gijón. Y Antonio disfruta de su tiempo libre. Anda en bici, viaja por el mundo. «Cosas que no hacía cuando practicaba el tiro con arco».
Las penurias de los olímpicos
A partir de Barcelona, el apoyo por parte de los dirigentes, sostiene el arquero, fue a menos. Nunca más volvieron a cosechar un resultado tan grande como el logrado en los Juegos del 92 y eso, asegura, también les repercutió económicamente. En Atlanta 96 no se clasificaron por equipos y el único en hacerlo individualmente fue el allerano. Pero una vez allí no consiguió un buen resultado. El sueño olímpico había acabado.
Ese mismo año dejaron de recibir las ayudas y, tras un año de ayudante del seleccionador nacional junior, decidió buscarse la vida fuera. «No me aseguraban el trabajo. La renovación era año a año y yo ya tenía una edad.».
Ibiza fue su siguiente destino. Allí trabajó en una empresa de diseño por ordenador de letreros luminosos. Además colaboraba con el Centro de Tecnificación Deportiva de Tiro con Arco de las Islas Baleares, donde enseñaba a disparar flechas a un grupo de chavales que empezaban. Y, de vez en cuando, cogía de nuevo el arco para competir. Así durante trece años. Hasta que el pasado mes de octubre decidió poner punto y final.
Como casi todos los niños, Megido, comenzó dando patadas a un balón. Por entonces, pocos se imaginaban que su nombre pasaría a la historia del deporte español por su habilidad con el arco y la flecha. Tenía 17 años cuando «un verano que me quedaron unas asignaturas de segundo de BUP me llevaron a que diera clases particulares con un profesor que tenía unas dianas colgadas en el techo. Se llamaba José Luis Pérez y había sido campeón de España de tiro con arco. Al verme interesado, me llevó a un campo, en La Corredoria, donde solía entrenar y me prestó un arco y unas flechas». Allí fue donde vio volar por primera vez una saeta y allí fue donde empezó todo.
Su mayor logró lo consiguió en Barcelona 92 pero anteriormente ya había participado en otras dos citas olímpicas. Con 19 años estuvo en los Juegos Olímpicos de Moscú. Era joven e inexperto y no alcanzó su mejor marca. Después repitió en Seúl 88, tanto a nivel individual como por equipos. «Lo que nos llamó la atención es que pasaban por alto el tema de la seguridad. Lo contrario que en Moscú, donde había un montón de policías en los numerosos controles que había para llegar a la Villa Olímpica. No veías niños en la calle y siempre íbamos escoltados por militares».
En Londres 2012 no competirá el trío olímpico, pero en su lugar estará Elías Cuesta, y en féminas, Iria Grandal.
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